Tuesday, April 17, 2012

Preciada Objetividad Subjetiva


La característica más deseada y venerada como propiedad del conocimiento es quizás, la objetividad.  En la ambigüedad de la palabra “Objetividad” se ha pretendido reunir y representar al ideal más alto de la ciencia, es decir, el conocimiento puro.  Los científicos la persiguen convirtiéndola en una norma y en un paradigma que se postula como dirección de la ciencia. Por otro lado, el Psicólogo se sitúa ante una disyuntiva: ser considerado científico en caso de cumplir con los preceptos que enlista la norma o más bien con vocación de científico al apartarse de los mismos. De cualquier forma, considerarlo así colocaría a la OBJETIVIDAD como tribunal supremo al que es necesario acudir siempre que se quiera solucionar a una disputa o descalificar una posición antagónica. 

La realidad que determinamos o conocemos no es estática, constantemente se transforma. Por tanto, resulta casi imposible pretender “encerrar” el conocimiento ya que este se va cambiando junto con las percepciones que tenemos los seres humanos de lo que llamamos “realidad”.
La propuesta es entender la objetividad como un proceso y no como una propiedad estática del conocimiento. No como un concepto único que parece inalcanzable que además se refiere a la facultad de ser juez para cualquier dilema que busque una solución formal e imparcial. Si analizamos, la objetividad, está es definida por el ser humano (con todas sus subjetividades).  La complejidad de entenderla se pone de manifiesto porque la objetividad se despliega de la subjetividad al ser establecida por nosotros derivada del conocimiento que se va acumulando; mediante conceptos, postulados, teorías y métodos. Querer disipar por completo cualquier subjetividad en la observación e interpretación de los hechos comparando y recomendando métodos en base a su eficaz objetividad se vuelve un dilema epistemológico ya que estos métodos son desarrollados por nosotros como seres humanos. 

Al entender que los conceptos, los métodos, datos y teorías por sí solas carecen de sentido es necesario examinarlos desde el lugar que ocupan en el contexto o marco teórico. Son parte de un todo, no pueden analizarse aisladamente. Al referirse a conceptos como: conciencia, aprendizaje, conductas, memoria, entre otros conceptos abstractos, como seres humanos resulta paradójico querer encasillar a hechos, personas y circunstancias porque estos son subjetivos. Las personas somos subjetivas.
¿Cómo hacer concreto lo intangible? ¿Cómo observar lo inobservable?
Wilhelm Wundt, considerado el primer psicólogo en 1879 se enfrentó al problema de estudiar algo tan “abstracto” como la conciencia. En este sentido, algunos teóricos consideraron al estudio de la conciencia como un “suicidio epistemológico” al ser el objeto de estudio carente de objetividad. Para poderlo hacer, sería necesario proponer medios objetivos de aproximación hacia instancias y propiedades de orden subjetivo.

Psicólogos conductistas y de otras corrientes afirmaban que los diferentes conceptos de conducta eran equivalentes y los empleaban como si fueran intercambiables pero para lograr la objetividad era necesario introducir algún tipo de concepto superteórico o metateórico de “conducta” que a su vez, contuviera los diversos conceptos de conducta definidos operacionalmente.

Sin embargo, la solución resultaría insatisfactoria por 2 razones:

1. La introducción de este superconcepto impide que este sea definido de manera operacional y al no ser cognoscitivamente significativo se torna ilegítimo.

2. Si el superconcepto se pudiera definir operacionalmente, resultarían innecesarios los demás conceptos.


¿Objetividad como parte de una teoría?

Una teoría es objetiva en la medida en que se adecúa al objeto de estudio pero no hay que perder de vista que ninguna ciencia trabaja con objetos concretos o empíricos. De hecho, la naturaleza no está fragmentada en diversos objetos. De manera ontológica, la naturaleza simplemente como una total indiferenciada. El conocimiento que de ella se obtenga es un asunto de carácter puramente humano. El acto de conocer es inherente e indesprendible del ser humano; no puede manifestarse fuera de él.
Por tanto, pretender establecer una equivalencia entre teoría y su objeto implica, una oposición artificial entre ambos, puesto que el objeto de la teoría sólo es significativo a la luz de ésta. La primera se nutre del segundo, mientras que el objeto se constituye por medio de la teoría.

¿Objetividad como conflicto metodológico?

Al afirmar que un método es más objetivo que otro, se intenta sostener al mismo tiempo, que un método es más recomendable o aceptable que otro.
Los métodos, como los datos que éstos aportan, presentados de forma aislada y sustentados pos sus propios medios sin hacer referencia a la teoría que los hace posibles no son más que “puros sinsentidos epistemológicos”.

La objetividad como un proceso

Karel Kosik, filósofo checoslovaco, aclara que la práctica es activa y se produce históricamente.
“La realidad no es sólo es un objeto de contemplación, sino también de transformación. El hombre en su actividad práctica y al transformarse el mundo se transforma a sí mismo y el mundo social en el que vive.” 

Los conocimientos adquiridos por la humanidad en el transcurso del tiempo no son algo absoluto e inmutable. Incluso, el conocimiento no es producto de la acción de un solo hombre aislado, sino que por el contrario, es un acto social. El hombre científico no se relaciona con la naturaleza exclusivamente mediante conocer sino también por los modos del ser, del ser social.
Por ello, si se admite la idea de un desarrollo desigual en las ciencias se acepta que el conocimiento generado por éstas y por tanto el grado de objetividad que se les atribuya también es desigual.

Cuando el conocimiento es nuevo está lleno de voluntad y fecundidad, si se le inmoviliza como algo absoluto o prototípico, se vuelve un molde de sí mismo; se endurece, se fosiliza y muere. La ciencia es una actividad social por ende, el conocimiento científico es esencialmente conocimiento social. Es así  como la objetividad se puede caracterizar como un proceso y no como una propiedad estática y absoluta.

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