Miren ese pobre cuerpo! Lo que él sufría y
codiciaba, aquella pobre alma lo interpretaba para sí, lo interpretaba como
placer asesino y como deseos de la felicidad del cuchillo… a quien ahora se
pone enfermo lo asalta el mal, lo que ahora es mal: el enfermo quiere causar
daño con aquello que a él le causa daño.
¿Qué es ese hombre? Un montón de enfermedades, que
a través del espíritu se extienden por el mundo...una maraña de serpientes
salvajes, que rara vez tienen paz entre sí y por lo cual cada una se va por su
lado, buscando botín en el mundo...como plomo pesaba el discurso de ella sobre
él: entonces robó, al asesinar. No quería avergonzarse de su demencia. Y ahora
aquel plomo de la culpa suya vuelve a pesar sobre él, y de nuevo su pobre razón
está igual de rígida, igual de paralizada, igual de pesada.
Una cosa es el pensamiento, otra la acción, y otra
la imagen [o representación] de la acción. La rueda del motivo no gira entre
ellas. En efecto, fue una imagen [la que] puso pálido a ese pálido hombre.
Cuando realizó su acción él estaba a la altura de ella: mas no soportó la
imagen de su acción, una vez que fue cometida ésta. Desde aquel momento, pues,
se vio siempre como autor de una sola acción. Demencia llamo yo a eso:
puesto que a excepción se invirtió, convirtiéndose para él en la esencia. (Nietzche, 1885).
Nietzche
conocía muy bien desde la perspectiva filosófica quién era el hombre
atormentado por la imagen de la acción que lo lleva a delinquir, era demencia
generada por el plomo de la culpa que a su vez se tornaba en la esencia del
pálido delincuente. Más tarde, Freud explicaría el fenómeno desde la
perspectiva psicoanalítica basado en la compleja reacción que brota del oscuro
sentimiento de culpa derivado del Complejo de Edipo.
Los delitos cometidos para fijar el sentimiento de
culpa eran un alivio para los martirizados. Parricidio e incesto con la madre
son los dos grandes delitos de los hombres, los únicos que en sociedades
primitivas son perseguidos y abominados.
Es
precisamente la sociedad quien establece el conjunto de normas y principios que
constituyen una característica propia del nivel humano de organización de la
materia, la moralidad. La moralidad resulta en una forma de cristalización
práctica determinada por un marco histórico y cultural. Entendiendo que dentro de ese marco la
moralidad anuda al sujeto a una historia familiar (primer núcleo y contacto con
lo que conformará el entendimiento de la llamada “sociedad”), social y cultural
en la queda inscripto es preciso remitirme entonces, a la explicación
psicoanalítica.
La
forma para leer la inscripción de lo moral en el ser humano gira en torno al
concepto del superyó, el tercero de los sistemas de la personalidad, el más
sofisticado y el último en desarrollarse. Es el representante intrapsíquico de
los valores tradicionales y de las normas sociales de acuerdo a la transmisión
de padres a hijos. Las funciones de esta compleja instancia son: la conciencia
moral, la auto-observación y la formación de ideales. En el superyó se anuda lo
universal (moral) y lo particular (moralidad, la práctica o la acción a la cual
hace referencia Nieztche).
El
superyó del niño no se forma a imagen de los padres, sino más bien a imagen del
superyó de los mismos. Es específicamente la imagen del superyó del padre el
que estructura este sistema. Esta arma moral de la personalidad representa a la
realidad ideal en mayor medida que al real y se empeña más en conseguir la
perfección más que en el placer (ello).
Como
árbitro moral internalizado, el superyó se desarrolla en respuesta de la
aceptación o desaprobación de los padres. Lo que es considerado propio o merece
tal aprobación tiende a integrar “el ideal del YO” mientras que lo que es
considerado impropio o punible es incorporado a la “conciencia moral”. La
transición de esta génesis individual como resolución del Complejo de Edipo
hacia la génesis colectiva es justamente la instauración del superyó como signo
de internalización de la Ley. Se encuentra en el origen de lo individual y lo
colectivo una misma operación: la prohibición del incesto y la instauración de
la Ley.
En
Totem y Tabú (1913) Freud sitúa un antes y después de la muerte del padre. El
padre del goce total, es la Ley encarnada. En la medida en que él es la Ley no
la representa, es decir, en palabras de Freud:
“El psicoanálisis ha revelado que el animal
totémico es, en realidad, una sustitución del padre, hecho con el que se
armoniza la contradicción de que estando prohibida su muerte en época normal se
celebre como una fiesta su sacrificio y que después de matarlo se lamente y
llore su muerte. La actitud afectiva ambivalente, que aún hoy en día
caracteriza el complejo paterno en nuestros niños y perdura muchas veces en la
vida adulta, se extendería, pues, también al animal totémico considerado como
sustitución del padre…” (Freud,1913).
Esta
es la clave para entender la etiología del pálido delincuente, es el deseo del
niño por matar al padre y ocupar su lugar al lado de la madre. Cuando abandona
el Complejo de Edipo por temor a la castración se funda el superyó como tercera
instancia psíquica que internaliza mandatos y prohibiciones paternos. La
amenaza de la castración, que el niño temía por castigo del padre por el
desarrollo de su actividad auto-erótica introyectada. Ahora es el padre
“escondido” dentro del hijo, ejerce vigilancia bajo la forma de la conciencia
de culpabilidad.
A consecuencia de este proceso afectivo surge el
remordimiento y nace la conciencia de culpa. Lo que el padre había impedido
anteriormente, por el hecho mismo de la existencia, se lo prohibieron luego
los hijos a sí mismos en virtud de aquella obediencia retrospectiva
característica de una situación psíquica.
Luego
del parricidio (hipótesis freudiana) se da la eficacia del padre muerto. Los
hijos buscaron la identificación con el padre mediante su devoración y es ahí
que surge el arrepentimiento (expresión del sentimiento de culpa) como
ambivalencia hacia el padre. “El odio, los llevó a ejecutar la agresión y el
amor, el arrepentimiento.” (Salomone, 2000).
Anteriormente,
he mencionado que el superyó es el sistema más sofisticado y el último en
desarrollarse. Además de lo descrito es fundamental para entender la génesis
del delincuente con conciencia de culpa, que el superyó presenta un aspecto
adicional al normativo y este es el pulsional. Lo anterior porque el deseo se
presenta como lo antinómico (contradicción irresoluble) al goce. Existe una
relación inversamente proporcional entre ambos.
Es
posible decir que el superyó se integra por dos caras: La pulsional de goce que
no se somete a la metáfora paterna (pulsión de muerte) y el ideal del yo
(identificación con el padre), dentro de los límites fálicos, el padre como
representante de la Ley.
Dicho
lo anterior, es que establezco lo que pudiera comprenderse como el proceso cronológico
del origen del pálido delincuente:
COMPLEJO DE EDIPO --- > CONCIENCIA DE CULPA ---> ACCIÓN DELICTIVA ---> PUNICIÓN
Derivada
de la resolución del Complejo de Edipo, el delincuente busca la acción
delictiva (parricidio) para encontrarse con la punición que lo remite, por un
lado a la Ley (cara normativa del superyó) y por el otro al padecimiento al que
se confina (cara pulsional del superyó-vertiente de satisfacción del goce).
En efecto, la rueda del motivo para llevar a cabo la acción delictiva
por parte del pálido delincuente no gira entre ellas porque es precisamente la
representación de la imagen del acto la que se refleja ante el autor haciéndole
palidecer ante tal intolerable escena llevándole al arrepentimiento por la
carga de la culpa.
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